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¿Deporte o negocio en Maristas? |
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Escrito por Guillermo Velasco
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Martes, 12 de Octubre de 2010 10:47 |
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Casi treinta y tres años han tenido que pasar para que una mente ‘iluminada’ haya tomado la extraña decisión de intentar borrar, de un plumazo y por egoísta capricho, la historia de Maristas Club de Baloncesto. Sí, el nuevo rector del colegio Maristas (curiosamente un seglar y no un Hermano) ha cortado por la sano, muy posiblemente alentado y viciado por ese personaje llamado ‘Don dinero’ que ve el deporte como un negocio a explotar y una válvula de escape al que tenía que ser su verdadero negocio, la enseñanza.
Maristas Club de Baloncesto, al igual que el Vecas Covaresa Maristas (antiguo Alvysa) de fútbol sala y el Club Deportivo José Luis Saso de fútbol, se han quedado en la calle, fuera de la que ha sido su casa durante 33, 19 y 16 años, respectivamente, por una decisión salomónica e... interesada. El club cantera por excelencia del baloncesto vallisoletano, se ha visto obligado a hacer las maletas casi sin tiempo para reaccionar. Y todo porque el colegio, ese Maristas nombrado y ensalzado mil y una veces gracias al club (extensible también a los de fútbol sala y fútbol), pretende sacar una mayor tajada económica gestionando, dirigiendo y administrando el deporte como ‘negocio’. Ver para creer. De nada ha servido el concienzudo trabajo de un club modélico fundado en 1977 que ha llevado durante todos estos años su escudo grabado en el pecho con orgullo como si de una marca más se tratara. Su obligado exilio o ‘patada en el culo’ (como lo quieran llamar), no deja de ser el mayor de los insultos a su reconocido trabajo de promoción y, sobre todo formación.
Nombres, muchos nombres ilustres del deporte y de los negocios, han salido o han jugado de la mano de Maristas CB. Por ponerse en la piel deportiva quedan grabados en su pechera los nombres de jugadores que llegaron a ser profesionales del baloncesto impulsados y catapultados por las primeras enseñanzas de Maristas CB. Jugadores como Ricardo Peral, Pedro Mateu, Gustavo de Teresa o los más recientes, Fernando San Emeterio o Porfirio Fisac. Pero, al parecer, la historia, aunque sea una asignatura que se imparte en el colegio, no sirve. Las perras y los intereses de algún profesor del colegio (curiosamente con una empresa que se dedica a la gestión de monitores y actividades deportivas) han prevalecido destrozando y dividiendo el deporte de un colegio con gran y prestigiosa tradición deportiva. Ahora, los tres exiliados y embajadores todos estos años del deporte de Maristas, todavía en pie, buscarán acomodo fuera del colegio con o sin ayuda del Ayuntamiento, de momento su único soporte válido. Porque su trabajo aún es reconocido y valorado por muchos jugadores y padres, que han sabido ver y valorar las negras maniobras del colegio.
El baloncesto, bajo las siglas de MCB, aunque sea fuera del colegio, seguirá luchando, trabajando y soñando para que alguna de sus jóvenes perlas toque el cielo ya sea deportiva o simplemente profesional o emocionalmente. Será duro partir de cero pero...merece la pena el esfuerzo, entre otras cosas porque 33 años de historia no se borran por los caprichos de un director, posiblemente mal aconsejado, que busca hacer caja como máxima prioridad. |
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Última actualización el Domingo, 17 de Julio de 2011 17:06 |
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Escrito por Guillermo Velasco
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Lunes, 04 de Octubre de 2010 07:38 |
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Es difícil, por no decir imposible, asimilar el adiós de un amigo, otro amigo, otro sabio, otro amante modélico del baloncesto. En la tarde de ayer Juan Pablo Arias Ubillos (Pablo Arias) nos decía adiós en silencio. Como cada día tras impartir clases en su amado colegio La Enseñanza se echó una ‘cabezadita’ antes de entrenar, esta vez para no despertar jamás. Se fue en silencio, sin hacer ruido, sin avisar, sin siquiera poder despedirse de su mujer Mar y sus dos hijos, Jorge y María, inseparables y firmes bastones en su amor infinito por el deporte de la canasta. Se fue, seguro, una hogaza de pan personificada, una persona que disfrutaba como pocos del basket, su basket, su insustituible complemento diario con permiso del cine.
Sin cumplir los 48 años, el destino quiso poner punto y final en la vida de Pablo Arias, el entrenador de la sonrisa eterna, ese que disfrutaba abriendo cada día la ventana del futuro puliendo a jóvenes promesas, ese entrenador hambriento de conocimientos, estudioso de los rivales y que vivía como nadie la responsabilidad de llevar un equipo, ya fuera en el mítico Café Doce-EGB en los casi olvidados años 80, La Enseñanza, UVa-Ponce, Baloncesto Valladolid Maristas, selecciones de Castilla y León, en un equino de minibasket o en la presente temporada 09-10 en el Zaratán Contiendas de Primera femenina.
Inconformista como pocos, siempre buscaba ese grado de complicidad que le llevó a ganarse el respeto de árbitros, compañeros de oficio y jugadores. Pablo Arias tuvo el privilegio de degustar los dos baloncestos, el de ayer y el de hoy, el masculino y el femenino. Porque pocos técnicos podían presumir de mantener su interminable camino, su carrera, viva, fresca y con un alto, altísimo grado de motivación, durante tantos y tantos años. Desde casi sus interminables dos metros de altura Pablo veía el baloncesto de una manera distinta dejando una huella, otra huella, similar a de su buen amigo Rafa Izquierdo, imborrable. Ayer a pesar del sol reinante en Valladolid un mar de lágrimas inundó no sólo el colegio La Enseñanza sino la totalidad del baloncesto de Castilla y León.
El tan querido Pablo Arias deja otro vacío -más bien un socavón- en la rica y emotiva historia de nuestro baloncesto. Los Víctor, Tomillo, Oscar, Carlos, Rafa (desde el cielo), Pepe, David, Samuel, Alberto, Pedrito, Paco, Porfi, Raúl... y ‘los sabios’ con los que compartía cena cada mes, lloramos tu adiós.

(* Guillermo Velasco. Publicado en el Diario de Valladolid El Mundo el viernes 1 de octubre)
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Última actualización el Domingo, 17 de Julio de 2011 17:06 |
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Escrito por Guillermo Velasco
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Lunes, 08 de Febrero de 2010 00:30 |
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EL PADRE-MÁNAGER
Lo que antes eran vicios ahora parecen ser costumbres. El baloncesto base y, me imagino que ocurre en la gran mayoría de deportes de equipo, sigue marcado por un gran pedrusco que le impide avanzar. Sólo hay que darse una vuelta por cualquier patio de colegio o polideportivo un sábado por la mañana para presenciar un partido. La categoría es lo de menos. Un 'personaje', que le vamos a poner la etiqueta de 'padre-mánager', irrumpe con fuerza y adquiere un protagonismo digno de mención y análisis, por su actitud y comportamiento y, por supuesto, por la influencia que puede llegar a tener en el jugador de base. Este 'padre-mánager' como le definió en su día el ex-seleccionador Javier Imbroda en un artículo en el que yo me inspiro, prefiere obviar las leyes de la cortesía, esa resistencia al primer impulso.
Pero...¿cómo distinguirlo? Es bastante fácil. Generalmente no suele faltar a ningún partido e incluso entrenamiento de sus hijos. Suelen tener una actitud activa (diría incluso que extremadamente activa). Algunos de ellos graban los partidos en vídeo poniendo el autoenfoque única y exclusivamente en la figura de sus hijos. Despotrican contra los árbitros. Son esos personajes que no tienen nada que decir y hablan a gritos. Hacen anotaciones. Cuentan los minutos de juego y se permiten el lujo de hacer comentarios técnicos para después utilizarlos en un 'catecismo' donde creen poseer el don de la verdad absoluta en materia de baloncesto.
Su hijo casi siempre lo hace bien. Si lo hace mal, el responsable directo siempre recae en la figura del entrenador, que no le entiende o, en algunos casos los propios compañeros, que son a su juicio peores jugadores (aunque no lo digan en voz alta) porque no le pasan o no le bloquean... Pero... el niño es siempre, a la postre, el que lo termina pagando. Ese jugador de base pasa de ser un diamante en bruto (y no sólo como jugador sino también como persona) a un bruto que pudo ser diamante. El proteccionismo mal entendido convierte a ese jugador en período de formación en un consentido, diferente al resto de compañeros.
Este 'padre-mánager', que sólo tiene ojos para su ideal hijo y que en la gran mayoría de los casos es muy diferente al que verdaderamente tiene, en vez de orientarle de una forma positiva, terminan convirtiéndose en una especie de mánager que defiende los intereses de un jugador (su hijo) convertido en 'cliente' sin apenas haber llegado a la pubertad.
Estos jugadores con mánager, que lógicamente por su temprana edad, inmadurez y ascendencia paterna o materna, asiente a todo o casi todo, terminan siempre diluyéndose en un jugador más que no sólamente pudo llegar mucho más lejos sino disfrutar verdaderamente de un deporte tan apasionante como el baloncesto.
Los 'padres-mánager', cuidadosamente descritos, quedan en evidencia cada fin de semana. 'Numeritos' dignos de analizar que llevan a la reflexión 'que un padre llegue a enseñar a sus hijos costumbres diferentes a las suyas'. Y es que nadie puede olvidar que el hábito, en este caso mal hábito, crea la costumbre, la mala costumbre.
NOTA- Después de leer este artículo espero que no se caiga en el error de confundir al 'padre-mánager' con el resto de padres que también suelen ir a los partidos... a disfrutar del baloncesto o, simplemente de sus hijos.
G. V. |
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Última actualización el Martes, 12 de Octubre de 2010 10:45 |
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